4 pasos para internacionalizar una empresa familiar

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La empresa familiar es una tipología muy habitual en España, aunque a veces tiene una mortandad mayor que otros tipos de negocios por las trampas de la empresa familiar. En el entorno empresarial actual y ante el bajón del consumo interior exportar es casi una obligación para muchas empresas. A veces la empresa familiar surge en varias generaciones, desde que el emprendedor crea el negocio hasta que introduce a sus hijos o nietos. Lo que la permite asentarse en el mercado en una posición de liderazgo, aunque a veces eso no garantice la supervivencia de la empresa familiar. La entrada de otros competidores, muchas veces empresas internacionales, en el mercado de la empresa familiar, puede poner en serio peligro su liderato. Lo que a veces puede provocar su desaparición. Por eso es fundamental que toda empresa familiar se plantee salir a otros mercados, ya sea a nivel nacional como internacional. Así podrá ganar más tamaño y obtener ventajas competitivas en costes. Y para ello hace falta un proceso de regeneración y de cambio, con el objetivo de que la empresa familiar siga siendo competitiva y no se vea condenada al cierre o a su venta. Y de cara a internacionalizar una empresa familiar los pasos claves son los siguientes:

  1. Garantizar la profesionalización: para ello uno de los mejores instrumentos es el protocolo familiar. Documento que establecerá los organismos de control de la empresa familiar, requisitos de acceso y sistemas de retribución para familiares que quieran trabajar en la empresa, proceso de sucesión y relevo, etc. Además es muy recomendable que los puestos de máxima Dirección estén ocupados por profesionales externos.
  2. Financiación externa: a la empresa familiar le cuesta mucho recurrir a la financiación ajena, lo cual limita mucho su crecimiento. No sólo se endeudan poco, lo cual reduce mucho la rentabilidad de los propietarios, tampoco amplían su capital a socios ajenos a la familia. Lo que no sólo reduce la visión estratégica sino que afianza la empresa en el inmovilismo y el pasado.
  3. Deslocalización: la empresa familiar suele tener un gran vínculo con el territorio que la vio nacer. Y aunque pueda parecer algo bueno de cara a fidelizar al mercado, puede ser una pesada carga a largo plazo. Llevado al extremo el territorialismo puede reducir el aprovechamiento de oportunidades. Vivimos en un mundo cada vez más global, y esa es la visión que hay que tener hoy en día. Y para ello hay que desdibujar los límites de los territorios y de los países, para convertirnos en ciudadanos del mundo.
  4. Mentalidad de gran empresa: fruto de lo anterior nos encontramos con que mucha empresa familiar no tiene mentalidad de gran empresa, a pesar de sus posibles ventajas competitivas para aprovechar las oportunidades de un mercado global. Un exceso de prudencia y de no saber pensar en grande, puede ser una peligrosa trampa para empresas que si no crecen pueden verse superadas por un competidor o incluso acabar siendo absorbidas por empresas extranjeras.

Para más información sobre la empresa familiar puedes consultar la web del Instituto de la Empresa Familiar.

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