Los 4 pecados de un mal líder

Mal líder

Hoy más que nunca el mundo de los negocios no se entiende sin la figura del líder. Los cambios en los gustos, la creciente competencia, y las nuevas tecnologías hacen que las empresas tengan que competir cada vez más por menos cuota de mercado, de ahí la importancia del papel del líder, sea el negocio del tamaño que sea.

Saber sacar el máximo partido al talento humano y motivar a su equipo es una tarea básica del líder del siglo XXI. Sin embargo hay todavía empresas donde el líder comete ciertos pecados que acaban por dañar a todo el equipo humano, propagados a través de los rumores y de la comunicación informal, lo que puede provocar que ningún empleado quiera trabajar con él porque acaba aprovechándose del trabajo de los demás de forma egoísta y cínica. Una conducta que se suele expresar con los siguientes pecados:

  1. Supervisa de forma enfermiza: es el típico líder que está siempre pegado al cogote de sus trabajadores, pero sólo en tareas sencillas para evitar tener que tomar decisiones difíciles. Su único objetivo es que los demás vean que realiza su labor de apoyo y supervisión a su equipo humano.
  2. Delega las peores tareas: es decir aquellas en las que más riesgo corre la persona que las realiza por ser complejas o conflictivas. Además este tipo de líder delega estas tareas sin dar ningún apoyo o formación al trabajador en el que delega  dejándole abandonado a su suerte.
  3. Fomenta el pensamiento único: nadie puede llevar la contraria a éste tipo de líder, porque entonces apuntará el trabajador en una lista negra o, lo que es peor, serán sus propios compañeros los que eliminen cualquier tipo de sugerencia o crítica al líder. Todo ello como si de una secta del pensamiento único se tratara, lo que reduce el desarrollo de su equipo así como la productividad del mismo, puesto que son dependientes del líder. Sin embargo en situaciones críticas es el líder el que solicita soluciones y da la responsabilidad de la solución a los mismos trabajadores a los que ha estado reduciendo durante meses. En el caso de que alguna propuesta de su equipo salga bien, se atribuirá todo el mérito puesto que para eso es el líder mientras que si sale mal, estigmatizará y culpabilizará al trabajador que ofreció la solución.
  4. Alimenta su vanidad: derivada de su narcisismo, busca la admiración de sus trabajadores a través del vínculo emocional que crea con con ellos para que sean dependientes del líder tanto para un problema profesional como personal. Esto puede llegar a suponer que el líder se atribuya habilidades “medio divinas” a la hora de solucionar cualquier problema, frente a sus “mundanos” subordinados. Una hambrienta vanidad en un líder, puede llegar a provocar una actitud dictatorial.





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