Cuidado si tu empresa presenta insolvencia y no presentas concurso

Insolvencia

Declarar el concurso de acreedores es algo que causa recelo al empresario. Por una parte, por desconocimiento de lo que esto implica y, por otro, porque el proceso suele asociarse a la quiebra y liquidación de la empresa. Sin embargo, la declaración de concurso no es algo opcional y no hacerlo a tiempo puede acarrear graves consecuencias para los administradores de la entidad.

Presentar concurso voluntario supone reconocer la situación y presentar un convenio para negociar con los acreedores. La negociación se realiza en una fase pre-concursal en la que el empresario intenta llegar a acuerdos de pago. Pero si la empresa no puede hacer frente a sus deudas y no presenta concurso, la responsabilidad recae sobre el deudor y los administradores. Y si se da la circunstancia de que sea uno de los acreedores quién lo presente (concurso necesario), las consecuencias pueden alcanzar especial gravedad.

El juzgado nombrará un administrador concursal, con lo que el empresario perderá el control de su empresa. Si el concurso se declara fortuito, se entenderá que la situación de insolvencia se ha debido a causas ajenas a la labor del empresario, por lo que se le exime de culpa. Por el contrario, en caso de concurso culpable, la responsabilidad de la situación de insolvencia se atribuye al empresario, que tendrá que responder de la deuda con todo su patrimonio, si no alcanza el de la empresa.

Aparte de esto, el juez podrá imponer al administrador una indemnización por daños y perjuicios y la restricción de no poder administrar bienes durante un periodo de dos a quince años.

El plazo para solicitar el concurso es de dos meses desde que se produce el impago de deudas corrientes o desde que la empresa sufre el embargo de la mayor parte de su patrimonio. También desde el impago de tres meses consecutivos de salarios y cuotas de Seguridad Social.

En cualquier caso, hay que tener en cuenta que para solicitar el concurso no es necesario que la situación de insolvencia ya se haya producido. Es recomendable acudir a él si se prevé que no se va a poder atender a los pagos. De este modo, las posibilidades de negociar serán mayores, evitando la quiebra.





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