¿Vendes un activo? Comprueba su valor contable y evita sorpresas

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¿Hace unos años compraste una máquina que has conservado en muy buen estado y hoy se cotiza bien? ¿Te ha surgido la oportunidad de venderla a un precio estupendo: sólo un 10% menos del que tú pagaste por ella?

Como la vas a vender por menos de lo que te costó vas a perder algo de dinero, así que no tendrás que pagar nada de impuestos por la operación.

Aunque bueno… Esto puede que sea así, pero también puede que no.

Cualquier elemento que la empresa necesita para desempeñar su actividad y que permanece en su patrimonio más de un año forma parte de lo que se llama Inmovilizado. Y algunos de los elementos que lo integran son, por ejemplo, la maquinaria, los vehículos, los ordenadores, los programas informáticos, el mobiliario, los rótulos, etc.

El inmovilizado se contabiliza por su precio de adquisición o coste de producción (si fue la propia empresa la que lo fabricó) pero a lo largo del tiempo ese valor va disminuyendo por distintos motivos:

1. Depreciación irreversible por el uso, el transcurso del tiempo, o la obsolescencia.

El uso deteriora cualquier elemento, incluso el simple paso del tiempo hace que disminuya su valor, máxime si tiene un componente tecnológico (un ordenador, por ejemplo).

Esta depreciación irreversible y sistemática se refleja de forma contable mediante la amortización que se practica anualmente. Se cuantifica con el porcentaje anual que está fijado por la normativa y su contabilización conlleva, por un lado, la imputación de un gasto del ejercicio, y por otro, la minoración del valor contable del elemento en cuestión.

Por ejemplo, si tienes un mobiliario que te costó 3.000 euros y se amortiza a razón de un 10% anual significa que cada año su valor va a disminuir 300 euros y que esos 300 euros van a ser un gasto del ejercicio. Así, cuando transcurran 5 años el valor de ese mobiliario va a ser de 1.500 euros y cuando pasen 10 el valor será 0.

2. Depreciación reversible producida por una circunstancia puntual.

Se trata de la producción de un hecho o circunstancia que provoca una pérdida de valor pero que una vez que desaparezca ese hecho o circunstancia la depreciación desaparecerá.

Por ejemplo, el inicio de unas obras de larga duración junto a un inmueble puede hacer que baje considerablemente su valor. Y una vez que se termine la obra volverá a recuperarlo. Todo esto se refleja contablemente mediante el deterioro.

3. Depreciación irreversible producida por una circunstancia puntual.

A diferencia de lo que ocurre con el deterioro, en este caso la pérdida es irreversible y el bien no va a volver a recuperar su valor. Por ejemplo, el cierre definitivo de la carretera que daba acceso al inmueble.

Pues bien, en todos estos casos se ha producido una disminución del valor inicial del elemento del inmovilizado, de forma que si lo vendes por un 10% menos de lo que te costó es más que probable que obtengas un beneficio. Lo cual en sí mismo no es nada malo, pero es importante que tengas en cuenta que la obtención de un beneficio lleva aparejada una tributación, por lo que el coste de la operación planteada quizás ya no sea de un 10% del precio que pagaste si no bastante más.

En resumen, los bienes integrantes del inmovilizado de la empresa no permanecen con un valor inalterable sino que aquel por el que se compraron disminuye, como mínimo, por efecto de la amortización.

Por esto es importante que si tienes pensado vender algún elemento de esta naturaleza compruebes primero su valor contable para que así puedas tener prevista la incidencia fiscal y no te lleves sorpresas al encontrarte con un coste que no esperabas.

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